"La Historia cuenta lo que sucedió, la Poesía lo que debía suceder"

Aristóteles (384-322 a.C.)

martes, 7 de febrero de 2012

La conquista cristiana de Niebla

En el año 1262 de Nuestra Era, los ejércitos castellanos del monarca Alfonso X asediaron y tomaron la ciudad islámica de Niebla, conformándose así una más de las numerosas y exitosas etapas de la Reconquista cristiana en la Península Ibérica, posibilitando asimismo al reino de Castilla tomar el control directo del último territorio islámico o taifa sito en el occidente de al-Andalus.

A este respecto, una de las causas que indefectiblemente coadyuvarían a la empresa conquistadora del reino de Niebla por parte del monarca Alfonso X, fue la pugna con el reino de Portugal en orden a establecer unos límites precisos del territorio conquistado a los musulmanes. En este sentido, las tropas portuguesas penetraron en mayor medida que las castellanas en el occidente andalusí, llegando incluso a atisbar la costa atlántica en el año 1189, una vez fue conquistada la villa de Silves (aunque posteriormente sería nuevamente tomada por las tropas islámicas) lo cual hizo ver a Castilla lo volátil del territorio, susceptible de pasar de unas manos a otras en cualquier momento.

El cerco y la conquista de Niebla fue tratado tanto en las fuentes escritas islámicas como en las castellanas, siendo una de éstas, la “Crónica General de Alfonso X” la que nos ofrece una información más detallada sobre la campaña militar en suelo onubense, en especial, el capítulo titulado “De commo el rey don Alfonso çercó a Niebla e la ganó por consejo de dos frayles e de commo ganó el Algarbe”.


 El Rey de Castilla Alfonso X en la toma de Cádiz. Fuente: www.biografiasyvidas.com


Por otro lado, en sus últimos años, la taifa islámica de Niebla era gobernada por el caudillo musulmán Suayb b. Muhammad b. Mahfuz, quien fue proclamado gobernante en el 1234, tomando el control de dicho territorio del suroeste peninsular una vez fue notoria la constante inexistencia de un poder político almohade de facto tras la aplastante derrota de las tropas islámicas ante las cristianas en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212; y cuyo resultado, asimismo, no hizo sino configurar un nuevo espacio territorial que sirvió de amplia puerta de entrada para los cristianos hacia el valle del Guadalquivir. 

En este orden de cosas, el territorio iliplense estaría ya predestinado a ser conquistado por las fuerzas militares cristianas, pues se hallaba indefenso ante una posible táctica de “maniobra en tenaza”, ya que en su mismo límite oriental se encontraban los victoriosos ejércitos castellanos, conquistadores de Sevilla en el año de 1248, mientras que el otro extremo, su frontera occidental, estaba guarecido por las tropas portuguesas.

Tal y como apuntan algunas crónicas medievales cristianas y, en previsión de un posible ataque de Castilla hacia su territorio, el caudillo de Niebla Ibn Mahfuz quiso pactar o someterse a vasallaje al monarca castellano, quizás con la pretensión de sentirse más seguro si cedía algunas poblaciones o pagaba sus rentas al rey cristiano en condición de sumisión al mismo, apareciendo de tal forma en los documentos medievales como vasallo del rey castellano hasta un año antes de su deposición como régulo de Niebla.

No obstante, la creciente irregularidad en el pago de las “parias”, fruto del vasallaje al rey cristiano, pudo motivar, según la “Crónica General de Alfonso X” (elaborada en el siglo XIV), las acciones de guerra ideadas por el monarca castellano; aunque también asevera que fue motivada, en primer término, por la necesidad de proteger la ciudad hispalense, afianzando así, militarmente, las fronteras de su territorio ante una más que previsible incursión islámica.

Sin embargo, la creencia más extendida a día de hoy en la investigación histórica se orienta a afirmar que no necesariamente pudiera existir un “casus belli” para con el reino de Niebla, sino que más bien su conquista se tratase de una intencionalidad clara del rey Alfonso de tomar el territorio próximo al Algarbe, que sirviese de cabeza de puente para conquistar, en fin, los territorios situados al este del río Guadiana y que eran propiedad del reino portugués.

Igualmente, el monarca castellano, en su propio ideario político de realizar una cruzada expansionista “allent mar”, configuró un hipotético espacio territorial con acceso al mar desde el cual avituallar las tropas y proseguir sus campañas de conquista sobre África; de esta forma, tal empresa se vio perfectamente encajada en el territorio que ofrecía la taifa de Niebla, con fácil acceso a la costa atlántica y, por ende, susceptible de controlar asimismo un espacio marítimo considerable en el Estrecho.

El asedio de Niebla duró unos diez meses según la “Crónica de Alfonso X”, finalizando la campaña de conquista a finales del mes de febrero del 1262, cuando los estandartes del rey cristiano ondearían sobre las murallas iliplenses. De igual modo, sería en Niebla cuando se oirían por vez primera en Europa el estruendo al explosionar la pólvora de los cañones, y que fueron empleados en el cerco para someter las murallas de la ciudad.

Por su parte, cuando se produjo la capitulación de Ibn Mahfuz, la población musulmana de Niebla fue expulsada en gran número, una vez que los cristianos entran en la ciudad; aunque, según las fuentes, el rey castellano permitió aun el asentamiento a la población islámica en otros núcleos urbanos de menor importancia estratégica.

La conquista cristiana de Niebla constituye, en fin, un destacado hito enmarcado en el proceso que la historiografía medieval conviene en denominar como la Reconquista peninsular, un proceso iniciado en tierras asturianas siglos antes y que culminaría con la toma del reino nazarí de Granada en el año 1492, configurándose desde ese mismo instante una realidad territorial propia que, bajo la autoridad de los Reyes Católicos, se constituiría como el germen de la nación española actual.










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