¿Qué es la Historia?

"La Historia cuenta lo que sucedió, la Poesía lo que debía suceder"

Aristóteles (384-322 a.C.)

martes, 7 de febrero de 2012

Las partidas guerrilleras en el territorio onubense durante la Guerra de Independencia

La Guerra de la Independencia española, acaecida entre los años 1808 y 1814, manifestó una doble vertiente en su modo de combatir: una, la habitual para la época, efectuada por ejércitos regulares en formación enfrentados entre sí en amplios espacios que facilitasen la maniobrabilidad de las fuerzas militares, y otra, de corte más irregular, compuesta por acciones aisladas mediante el sistema táctico de las guerrillas, bien conocido por los hispanos desde las confrontaciones de los hombres del lusitano Viriato contra las legiones romanas en el siglo II a.C.

En este sentido, es digno de resaltar aquí el paradigma que caracterizaría a toda la contienda, y que no fue sino el carácter eminentemente popular de muchos combates que acaecieron a lo largo de los años que duró la conflagración, siendo España, o, mejor dicho, su pueblo, la punta de ataque de una nación en armas que, aun sufriendo  durante los años que duró esta fatídica guerra grandes pérdidas y desgracias en todos los órdenes que la constituían, pudo, al final, sobreponerse al caos y consolidar la expulsión del invasor francés.

Ello se vería especialmente acentuado tras la grave derrota del Ejército español en la Batalla de Ocaña en 1809, cuando las fuerzas armadas hispanas dejan de existir de facto, requiriéndose desde este momento una mayor implicación tanto de las milicias populares como de las partidas de guerrilleros como único medio de proseguir la lucha desde el lado hispano, pues todavía existían fuerzas inglesas y portuguesas en liza con las tropas imperiales en suelo peninsular.

Las partidas guerrilleras no eran sino milicias territoriales que, actuando como fuerzas auxiliares del Ejército regular, acometían acciones de emboscada y sorpresa contra el enemigo, favorecidos por un terreno que conocían a la perfección y que, una vez cumplidas, retomaban sus oficios y ejercían sus funciones cotidianas en los pueblos o los campos para evitar represalias por parte de las tropas francesas. Precisamente, por ello mismo su uniformidad no era muy llamativa, sólo una prenda militar para la cabeza, correaje o un capote, a fin de que en caso de estar a punto de la captura, cualquier guerrillero pudiera deshacerse rápidamente de todo distintivo que lo identificara como un combatiente.

De tal forma, la organización en partidas guerrilleras adquirió, cada vez más, un cierto perfeccionamiento en sus modos de actuación que, como veremos acto seguido, también se dejó sentir próximo a diversas villas de Huelva, al igual que en el resto del país. Sin embargo, y puesto que efectuar una referencia detallada de cada acción bélica llevada a cabo contra los ejércitos franceses en nuestra tierra sobrepasaría con mucho los límites de esta sección, solamente comentaré tres combates de guerrillas destacados que acaecieron en las villas de Zalamea la Real, Calañas y Santa Olalla del Cala.


 Población civil en lucha contra el invasor francés. Fuente: www.historiageneral.com


Veamos la primera acción. El día 11 de Marzo de 1810 partió de Valverde del Camino un destacamento francés formado por tropas de Infantería y Caballería, con dirección a Zalamea la Real y, como sostienen algunas fuentes, con la intención primera de efectuar represalias a la población por combates acaecidos días anteriores que causaron bajas a los invasores, o, como sostienen otros autores, con la voluntad de controlar la estratégica Cuenca Minera, en base a su potencial económico derivado de la extracción minera así como lo útil que sería controlar tal territorio para la fabricación de armamento.

El destacamento francés que se aproximaba a Zalamea estaba compuesto por un número total que rondaría los doscientos hombres, mientras que el núcleo de las fuerzas españolas estaban constituidas por grupos heterogéneos de zalameños y habitantes de otros pueblos limítrofes, trabajadores de las minas y algunos restos de fuerzas regulares, liderados todos ellos por don Pedro Pierre, quien ostentaba el grado de Teniente de Infantería del Regimiento de Línea de Córdoba.

Así, una vez fue avistado el enemigo, las tropas españolas esperarán al próximo amanecer para entablar combate con las tropas napoleónicas, sabedoras de su posición ventajosa al conocer perfectamente el terreno donde se libraría la batalla, esto es, en las inmediaciones del Barranco de Palanco, perteneciente al término zalameño.

La táctica empleada por los nuestros consistió en enviar una avanzadilla hacia las fuerzas enemigas, a modo de maniobra de distracción y persecución hacia el grueso de las fuerzas españolas, que las recibirían abriendo fuego a su llegada. De tal forma, y tras constatar los franceses sus pocas opciones de victoria, tocan a retirada y se dirigen nuevamente hacia la localidad de Valverde, dejando en el campo de batalla unos diez muertos y, muy presumiblemente, ciertas cantidades de pertrechos.

Igualmente, por parte española se padecieron tres bajas en combate pero, quizás la consecuencia más grave sería la ocupación de Zalamea breve tiempo después de acontecer esta batalla, puesto que, como fue común a lo largo de toda la Guerra, el Ejército francés solía represaliar a la población de las localidades próximas a los lugares donde habían atacado las partidas guerrilleras, por entender que éstas eran abastecidas y apoyadas por la villa o aldea más cercana.

Como puede apreciarse, el resultado de los combates no resulta ser a priori tan espectacular como pudiera parecer, puesto que no se trataba de grandes ejércitos que se enfrentaban con todos sus medios y esperaban una victoria decisiva sobre su rival que dilucidase el resultado final de la Guerra; muy al contrario, las partidas guerrilleras sólo buscaban el desconcertar al enemigo, cortar sus suministros y comunicaciones, causar bajas que minaran la moral de las tropas adversarias y convertirse, en fin, en un ejército “fantasma”, difícil de localizar y de predecir sus movimientos.

En otro orden de cosas, el día 2 de Marzo de 1812, el partidario don Manuel Muñoz Baca remitió al General en Jefe Francisco Javier Castaños (1758-1852), y a la postre vencedor de Bailén, un informe detallado sobre “..la sorpresa que ha verificado a los enemigos en la villa de Calañas”. Dicho parte comunica una confrontación con un destacamento francés en la madrugada del día 29 de Febrero, estableciéndose una dura batalla en la que la victoria sonrió a las fuerzas españolas, compuestas por el Cuerpo de Voluntarios de Valencia y el del Rey, lideradas por el Capitán de la Primera Compañía don Francisco Moreno.

Los resultados del combate fueron la toma al enemigo de quince Dragones, que era el más destacado cuerpo de caballería pesada francesa, empleado por su versatilidad tanto en patrulla como en combate organizado, así como otros quince “renegados” o desertores, junto con su Segundo Comandante. Asimismo, los guerrilleros se hicieron con unos cuarenta y seis caballos, con sus monturas y armamento, causando muerte a dos soldados de la “Grande Armée” y a dos caballos, y haciendo constar también en el informe que “...sin que por nuestra parte haya havido la más leve desgrazia”.

Por último, me resta comentar aquí el combate acaecido el día 27 de Junio de 1812 entre una partida española y diversas fuerzas de caballería francesas “...a media legua de Santa Olalla, caminando a Monesterio”. Dicha batalla, referida por el Comandante de Guerrillas, don Thomás Serrano, se inició a las cuatro de la tarde de tal día, cuando los españoles, que estaban apostados sobre un monte, abrieron fuego contra los enemigos, una Compañía compuesta por doce hombres que no tuvieron capacidad de respuesta. De tal forma, el resultado fue un soldado francés herido y un caballo muerto, sin que hubieran heridos por parte de los guerrilleros, obligando así al enemigo a seguir su camino sin intención de proseguir el combate.

Como vemos, éstos y otros muchos de los combates liderados por los partidarios que tuvieron lugar en Huelva durante la Guerra de Independencia española, se trataron de meras escaramuzas, sin resultados decisivos para un inmediato fin de la contienda, pero sí coadyuvaron, junto con otras acciones políticas y militares llevadas a cabo en gran parte del territorio español, a la culminación de un propósito formulado el día 2 de Mayo de 1808 en las calles de Madrid, y que no fue sino la lucha por la libertad del pueblo de una nación, sometida hasta ese momento a los deseos de grandeza imperial de un único hombre.


 
BIBLIOGRAFÍA:


-https://www.huelvainformacion.es/opinion/articulos/guerra-provincia_0_145786041.html

-https://www.pares.mcu.es

-http://zalamealareal-historia.blogia.com

-RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, A.R. Las guerrillas de la Guerra de Independencia: de partidas a divisiones (1808-1814). Militaria: revista de cultura militar, ISSN 0214-8765, Nº. 7, 1995 (Ejemplar dedicado a: XIII Congreso de la IAMAM), págs. 345-357.

No hay comentarios:

Publicar un comentario