"La Historia cuenta lo que sucedió, la Poesía lo que debía suceder"

Aristóteles (384-322 a.C.)

domingo, 7 de abril de 2013

Las huelgas mineras de Riotinto en 1913.

 Los años inmediatos al surgimiento de esta primera gran huelga del siglo XX en Riotinto habían visto crecer considerablemente la plantilla de los trabajadores de la R.T.C.L en un 25´6 %, pasando de los 13.108 empleados que poseía la Compañía en 1906 hasta los 16.465 en el año 1908.

Este progresivo aumento del número de trabajadores en las minas, con su consabida precaria situación laboral, unido a un giro radical por parte de la Compañía minera que se alineaba cada vez más con posturas de intolerancia e intransigencia para con los mineros, sería el germen de un acuciante malestar social por parte de los trabajadores hacia los británicos que no haría sino dirigirse hacia unos modos de actuación cada vez más radicalizados en contra de la Compañía.

Igualmente, poco a poco, comenzaron a surgir diversas publicaciones realizadas de forma clandestina que aportaban ideas de confraternidad entre todos los mineros y de rechazo a los abusos de la Compañía británica, creándose de este modo una corriente de opinión cada vez más extendida por todos los pueblos y que no haría sino sembrar la semilla de la lucha sindical entre los trabajadores de la R.T.C.L.

Por su parte, la Rio Tinto Company Limited había iniciado años atrás, en 1908, un proceso de reorganización interno que, en lo que nos ocupa, tuvo su reflejo en la llegada a las minas riotinteñas como General Manager del inglés Walter J. Browning, hombre de reconocida mano dura con los empleados que estaban a sus órdenes y nada transigente con cualquier tipo de reivindicación laboral.

No obstante, el afianzamiento sindicalista prosigue en Riotinto y en los demás pueblos de la comarca. Así, vemos que en 1913 son aprobados por el Gobernador Civil todos los estatutos del Sindicato de la Compañía Ferroviaria de Huelva y Minas de Rio Tinto. Precisamente, el hecho de constituirse el Sindicato dentro de la Federación Ferroviaria, junto con el marcado carácter popular del que se dota en un principio y el que algunos de sus líderes más destacados no sean obreros, permitió al Director de la Compañía británica no reconocer a dicho Sindicato como interlocutor válido en los diversos problemas que iban a ir surgiendo, al considerar la Empresa que éste se encontraba dirigido por agitadores profesionales que nada tenían que ver con los auténticos mineros de Riotinto.

El año 1912 supuso ser una coyuntura económica favorable para la Compañía, en el que se extrajeron 2´5 millones de toneladas de mineral y se obtuvieron unas 22.126 toneladas de cobre en metal. Sin embargo, la deteriorada situación sociolaboral de los trabajadores, unida al buen hacer del Sindicato Ferroviario de Nerva y Riotinto en lo que a crear corrientes de opinión se refiere, produjo un paro organizado el día 1 de Abril del año 1913 de gran parte de los trabajos mineros.

La primera reacción de la Compañía ante el paro fue la de despedir a unos veinticinco obreros y, por su parte, el Sindicato realizó una asamblea urgente en Nerva en la que se decidió por unanimidad que los demás trabajadores secundarían asimismo la huelga con un paro solidario el día 3, comenzando éste en San Dionisio y en los talleres de la Fundición.

Este paro motivó que bajasen considerablemente las acciones de la R.T.C.L en la Bolsa de Londres y, mientras tanto, en Riotinto ya eran tres mil el número total de obreros que se habían ido sumando a la huelga, incluidos los empleados del ferrocarril. Tras esta situación, y previendo posibles alteraciones del orden, el Ministro de la Gobernación, el Sr. Alba, envió a Riotinto unos ciento cincuenta guardias civiles de a pie y otros cien de caballería, y también, procedió al envío del Regimiento Soria nº 9 a Huelva.

La huelga llegaría a su fin el día 9 de Abril, previa mediación del Presidente del Consejo de Ministros, Álvaro Figueroa y Torres, Conde de Romanones, entre la Compañía británica y los representantes de los trabajadores. El resultado es satisfactorio: los despedidos son admitidos y la Compañía se comprometía, además, al aumento de las tarifas de carga y descarga del mineral en unos treinta días; retornándose, pues, al trabajo ese mismo día y regresando las fuerzas del orden al Castillo de las Guardas y a Sevilla.

Sin embargo, el día 15 del mismo mes de Abril comenzó un nuevo paro que estaba encabezado esta vez por unos ciento veinte obreros que solicitan mejoras económicas. Ante esta nueva situación, se celebra el día 22 una gran asamblea en la plaza de toros de Nerva a la que asisten unos 15.000 obreros, y en donde se encuentran los principales líderes sindicales de la Comarca. Allí se protesta, primero, por las continuas provocaciones de la Compañía hacia los miembros del Sindicato y se reclaman, asimismo, al Gobierno garantías de los derechos constitucionales, aunque se reafirma la convicción de no declarar por el momento una huelga general.

En los primeros días de Mayo la compañía procedió al despido de unos ciento cuarenta trabajadores, cifra que irá en aumento los próximos días a la vez que, incongruentemente, se reclutan obreros portugueses sin cualificación. Por su parte, a finales de mes la R.T.C.L determinó readmitir a noventa despedidos y colocar en fechas próximas a otros treinta de los últimos ciento veinte trabajadores despedidos.

De esta manera, el día 31 de Mayo se declara nuevamente la huelga que, esta vez, hizo parar progresivamente todas las explotaciones; de tal modo que únicamente circulaban los trenes mixtos y correos. Huelva se suma solidariamente al paro de Riotinto y hasta los panaderos cesan en su actividad cotidiana.

La situación persistía hasta el 22 de Junio, fecha en la que se celebró una magna asamblea en la que se aprueba presentar a la Compañía un pliego de condiciones laborales que incluían la admisión de los despedidos, la jornada de ocho horas, la abolición de los contratistas, un incremento salarial del 25 %, el retiro a los 25 años de servicio en la Empresa, un salario mínimo de cuatro pesetas, mayores condiciones de seguridad en el trabajo, fórmulas de acceso a la plantilla fija, etc.

Asimismo, el hecho más grave de toda la huelga tuvo lugar el día 14 de noviembre de 1913, cuando se produjo un incendio en el Pozo Alicia. Tradicionalmente la historiografía local estimó que se trató de un incendio fortuito, sin embargo, atendiendo a la narración de la huelga que hizo de primera mano el sindicalista Felix Lunar, cabe suponer que se trató de un sabotaje perfectamente planeado por parte de los elementos más radicalizados de la huelga.


                                                  El líder sindical Félix Lunar.

En efecto, Lunar afirma que el día antes se presentaron en su oficina dos compañeros, José Carabante y Antonio Mediavilla, quienes le formularon la pregunta de “...si sería conveniente quemar el Pozo Alicia, que es la obra más importante de toda la mina. A tal cuestión Lunar respondió negativamente, aunque al día siguiente dicho pozo amaneció en llamas. Tal día, y con objeto de inspeccionar el pozo una vez que el fuego cesó, penetraron en el mismo el Segundo Jefe, Robert Sach, acompañado de los ayudantes ingleses Edwin Wilson, George Wilson, John Gilbert y los obreros españoles Lucas Millán y Luis Márquez.

A tenor de su gran tardanza, se decidió el envío del Jefe de Escalas y Sondeos, Mr. F.W. Drewett, quien entró acompañado también por sus ayudantes Anderson, Wilson y Timmis. Ellos comprobaron la muerte de los hombres que entraron antes que ellos y que el incendio, los desperfectos en los ventiladores y los gases produjeron una atmósfera mortífera que provocó la muerte del mismo Mr. Drewett una vez pudo ascender a la superficie, quedándose en estado grave sus dos acompañantes.

La Comisión se reunió hasta el 25 de Enero, fecha en la que se firma el laudo de obligado cumplimiento y en el que se reconoce lo firmado el mes de Noviembre anterior. Así, el día 26 comienzan las reincorporaciones al trabajo, aunque no dejarían de producirse paros parciales durante el mes de Febrero por incumplimiento del laudo. No obstante, el conflicto se había dado por acabado y la Comisión de Huelga presentó su dimisión en la asamblea del 15 de febrero de 1914.