¿Qué es la Historia?

"La Historia cuenta lo que sucedió, la Poesía lo que debía suceder"

Aristóteles (384-322 a.C.)

domingo, 14 de mayo de 2023

El encuentro por la Copa del Seamen´s Institute de Huelva en 1906

               Iniciada la década de 1890 se creó, por parte de la comunidad británica asentada en Huelva, una peculiar institución que tenía como fin el ofrecer diversas actividades de recreo y entretenimiento a los marineros de cualquier nacionalidad que desembarcaran en la ciudad onubense y que deseasen ocupar su tiempo de ocio efectuando, principalmente, actividades deportivas.

Dicha institución se denominó The Seamen's Institute y, según sus actas fundacionales, fue creada en origen por socios ingleses. De tal modo, este instituto fue consolidándose como uno de los principales puntos de encuentro en Huelva entre los británicos que allí residían, ya fuesen miembros de la compañía The Rio Tinto Company Limited o los numerosos marinos que llegaban al puerto onubense en buques destinados a la carga del mineral u otros cargamentos para su exportación.

Sin embargo, esta institución británica recién asentada en Huelva (localizada entre las calles Duque de la Victoria, Valencia y Odiel) ofreció asimismo otros servicios a sus socios que no fueran meramente deportivos, pues disponía igualmente de una escuela, habitaciones, una capilla protestante, una biblioteca, una sala de billar y otra de lectura; todo ello a fin de dar cobijo y consideración a un gran número de foráneos que acudían temporalmente a la ciudad, evitando así un posible deambular continuo por la misma de un gran número de personas, como era común que sucediera en las ciudades portuarias de la época.


     Edificio del Seamen´s Institute de Huelva. Fuente: www.huelvabuenasnoticias.com


Los años siguientes continuarían con la práctica organizada de partidos de foot-ball y criquet entre los socios del Huelva Recreation Club y los miembros del The Seamen´s Institute, aunque ya entrado el siglo XX, la gran popularidad y calado de ambas instituciones en la sociedad onubense, adquirida por la propia práctica del fútbol en la ciudad, motivó que en el año 1903 se formalizara, a propuesta del directivo del Recreation Club, José Muñoz Pérez, la creación de un torneo de fútbol que enfrentase de manera exclusiva a los socios del Club Recreativo de Huelva con los marineros asociados al The Seamen´s Institute.

De tal forma, el primer partido de la Copa Seamen´s de Huelva, aconteció el día 2 de enero del año 1904 y, desde entonces, dicho torneo continuaría celebrándose los años siguientes en la capital onubense. Así pues, vamos a centrarnos a continuación en la disputa de la Copa Seamen´s del año 1906, cuya crónica del partido fue plasmada tanto en la prensa española como británica de la época.

El periódico La Provincia hizo una escueta narración del encuentro de este modo: «El partido jugado anteayer tarde entre los socios del Club Recreativo y los de Seamen´s Institute, resultó muy animado, acudiendo a presenciarlo bastante público. Ambos team jugaron con gran entusiasmo, resultando vencedores los mencionados en segundo lugar, que quedaron en posesión de la copa de plata».



Trofeo de la Copa Seamen´s. Fuente: www.huelvabuenasnoticias.com


Sin embargo, la prensa británica sí fue más extensa a la hora de contar lo acontecido en el partido de fútbol entre ambas instituciones que luchaban en Huelva por obtener el título de la Copa Seamen´s y que fue descrito así:

«El lunes 2 de abril un equipo seleccionado entre los barcos ingleses que recalaban en Huelva derrotó al equipo onubense de fútbol por un gol a cero. El partido se disputó por la Challenge Cup y fue trabajado con gran éxito por el equipo británico.

Los españoles reunieron a su equipo más fuerte y, con un doble objetivo a la vista, desafiaron a los marineros. En primer lugar, querían ganar la copa que entregaba un caballero español local y que actualmente ostentan los marineros ingleses, aunque también querían prepararse para su próximo partido de liga nacional en Madrid.

Ningún partido más reñido y duro se ha visto nacer en el campo de fútbol de Huelva. Desde el comienzo del encuentro hasta que sonó el silbato para el final, fue una dura competencia por la supremacía del juego.

El equipo de los buques, aunque afectado por la falta de entrenamiento y equipamientos de fútbol adecuados, luchó con la mayor tenacidad. Con los trajes de fútbol improvisados, los marineros presentaban un contraste extraño, si no divertido, con la selección española elegantemente vestida, pero demostraron con creces que eran oponentes a tener en cuenta, y que lo que les faltaba en apariencia y entrenamiento lo compensaban de forma permanente en su determinación de ganar.

En ningún instante la contienda fue lenta, y en todo momento estuvo marcada por las buenas sensaciones y el juego limpio. El equipo del barco estaba capitaneado por el Sr. Howald, de Whitley, segundo oficial del SS Ashfield. Destacó el brillante juego en la parte trasera derecha del campo del Sr. Hood, oficial en jefe del vapor Sunderland y también de J.Y. Short. El Sr. Robson, de South Shields, tercer ingeniero del vapor SS Mayer de Newclastle, también realizó un juego muy fuerte en la mitad central. El Sr. Young, de North Shields y un pasajero del vapor SS James Westoll de Sunderland, jugaron de adentro hacia adelante por la derecha y de adentro hacia la izquierda respectivamente.



Alineación del Huelva Recreation Club en 1907 con la Copa Seamen´s. Fuente: www.abc.com

El partido se disputó en el Campo de Fútbol de Rio Tinto, y como hay unas cuarenta embarcaciones esperando para cargar, había un gran número de capitanes de barco y oficiales presentes. La rivalidad era muy viva, debido a que los españoles confiaban más en la capacidad de su selección nacional para llevarse la copa. El juego se desarrolló mayoritariamente en territorio español, y sus laterales estuvieron muy ocupados.

Si no hubiera sido por su hábil defensa, el puntaje hubiera sido mayor. Sus delanteros fueron notablemente rápidos y en espléndidas condiciones, y ejecutaron algunos pases inteligentes. En su conjunto, el equipo español parecía carecer de la obstinada determinación del equipo del barco.

Después del partido, hubo un concierto de lo más ameno en el Seamen´s Institute. La copa, que es grande, bellamente realzada, estaba a la vista y fue muy admirada por la entusiasta audiencia. El instituto estaba abarrotado y el programa improvisado tuvo una recepción muy calurosa. Los preparativos para el juego y el concierto se hicieron bajo los auspicios del Seamen´s Institute, y fueron hábilmente realizados por el Sr. Richardson, de la sede de Huelva».




Bibliografía:


-Diario La Provincia.

-Diario The Shield Daily News.

-www.recreativodehuelva.com

martes, 4 de octubre de 2022

El riotinteño Leopoldo Puente y Wilke, autor de la nao Santa María

             Con motivo de la celebración del IV Centenario del Descubrimiento de América, y en tanto que propuesta aprobada en Cortes meses antes, tuvo lugar la construcción de una réplica de la nao Santa María, una de las primigenias naves que lograron la hazaña descubridora del Nuevo Mundo.

Este proyecto de reconstrucción histórica y naval para rememorar la gesta colombina fue asesorado por dos autoridades en la materia, como fueron el capitán de navío Cesáreo Fernández Duro (1830-1908) y el pintor y arqueólogo naval Rafael Monleón (1843-1900), aunque la construcción de esta nueva nao fue íntegramente dirigida por el ingeniero de la Armada española Leopoldo Puente y Wilke, nacido en la villa de Minas de Riotinto en el año 1862; y quien tuvo tres hermanos, Miguel, Narciso, Rafael y Gustavo, quienes también nacieron en dicha localidad.

De tierras onubenses, el joven Puente y Wilke marchó a Madrid a los catorce años para iniciar su formación tanto de ingeniería de minas como naval, especializándose en esta última y concluyendo sus estudios en el año 1885. Al poco de iniciar su carrera profesional, fue destinado al arsenal de La Carraca y, tiempo mas tarde, sería comisionado para organizar y supervisar los envíos de carbón de Bélmez.

En el año 1887 fue ascendido a supernumerario y, un año después, comenzó a trabajar en las obras del puerto de Huelva, estando al cargo de efectuar el balizamiento de la barra y la ría con boyas luminosas. Concluido su trabajo en la ciudad onubense, Puente y Wilke solicitó su reingreso en la escala activa, encargándose de la jefatura de la agrupación del arsenal gaditano de La Carraca.



El ingeniero riotinteño Leopoldo Puente y Wilke. Fuente: Diario La Provincia.


De tal forma, y por hallarse trabajando circunstancialmente en esta institución naval, fue consultado en 1891 por las autoridades del Ministerio de Marina que hasta allí se desplazaron a fin de preparar las actuaciones que tendrían lugar en Huelva el año siguiente para la celebración del IV Centenario del Descubrimiento de América. Así, se preguntó si era factible el construir una réplica de la nao Santa María en el plazo de cuatro meses y, tras contestarse de manera afirmativa a tal cuestión, se encomendó los trabajos de la misma a Puente y Wilke por parte del Jefe de Ingenieros del arsenal.

Iniciado el proyecto, la quilla de la reconstruida nao se puso en el arsenal el día 23 de abril de 1892, siendo finalmente botado el navío una vez terminado el 26 de junio del mismo año. Así, la nueva Santa María fue remolcada desde la ciudad de Cádiz hasta Huelva por el vapor Joaquín del Piélago, perteneciente a la Compañía Transatlántica. La réplica estaría acompañada en su periplo, asimismo, por una escuadrilla de buques españoles al mando del ministro de Marina, el general José María Beránger y Ruíz de Apodaca (1824-1907) y entre los que se encontraban el crucero Isla de Cuba e Isla de Luzón, el trasporte Legazpi y los cañoneros Temerario, Cocodrilo, Arlanza y Cuervo. Igualmente, hubo representación de otras naciones que acompañaron a la recién botada nave, participando algunos de ellos posteriormente en la celebración colombina de la hazaña del Descubrimiento, enviando buques en tanto que pabellones nacionales representativos, como la corbeta escuela de la Marina militar mejicana Zaragoza, así como también otros navíos pertenecientes a Austria, Holanda, Francia e Inglaterra.

Por su parte, la Familia Real, formada por el rey Alfonso, la reina Regente María Cristina, la princesa de Asturias María Mercedes y la infanta María Teresa, marchó también desde Cádiz a Huelva el 10 de octubre de 1892, para presenciar no solo la belleza y simbolismo de la Santa María sino también todos los actos navales y celebraciones del Descubrimiento, yendo a bordo del crucero Conde de Venadito.



Cartel anunciador del IV Centenario del Descubrimiento de América en Huelva en 1892. Fuente. www.wikimedia.org

Puesto que la construcción de la nao se concluyó a tiempo y supuso un éxito, Puente y Wilke fue felicitado por la Comisión Arqueológica del Ministerio de Marina de tal forma: «dicha Comisión queda altamente satisfecha de la obra, por haberse interpretado con perfecta fidelidad su pensamiento». Del mismo modo, Puente regaló al Ayuntamiento de Huelva una maqueta a escala de dicho navío como recuerdo del proyecto y la conmemoración a la ciudad onubense y que tan deslumbrante resultó para todos los asistentes.

Una vez concluyeron los festejos de la conmemoración colombina, se determinó que la réplica de la Santa María ideada por Puente y Wilke fuese al continente americano. Así, el 25 de abril de 1893 arribó al puerto de La Habana (Cuba) y, una vez enarbolado el pabellón español, se unió a las réplicas de la Pinta y la Niña, construidas en Barcelona para su muestra en dicho Centenario pero a instancias de Estados Unidos, siendo sus buques Newark y Bennington los que las remolcaron desde Huelva hasta sus costas al concluir los actos conmemorativos.

Asimismo, la nao ideada por el ingeniero riotinteño se desplazó desde La Habana hasta Nueva York, donde, ya unida a las dos carabelas, tomó parte en la revista naval del río Hudson y, ya en la ciudad neoyorkina, sería remolcada la Santa María por el río San Lorenzo hasta el lago Michigan, llegando así a la ciudad de Chicago, lugar elegido en los Estados Unidos para la celebración de la exposición por motivo del IV Centenario del Descubrimiento de América.

Finalmente, tras las brillantes fiestas y la propia celebración americanista acontecida en la ciudad de Huelva, Puente y Wilke fue ascendido a Ingeniero jefe de segunda clase y destinado al Ministerio de Marina de Madrid, donde se encontraba ejerciendo su trabajo hasta que enfermó por una pulmonía de gripe de la que no pudo recuperarse, falleciendo el día 27 de marzo de 1894.



BIBLIOGRAFÍA:


-Diario La Provincia (Año 1894).

-Las Provincias. Diario de Valencia (Año 1928).


martes, 10 de mayo de 2022

El militar valverdeño Francisco Fernández Bernal

         El teniente general Francisco Fernández Bernal nació el 30 de agosto de 1847 en la villa onubense de Valverde del Camino y murió en Getafe (Madrid) el 5 de noviembre de 1907.

Sus padres fueron Francisco Fernández Pourquies y Benita Bernal Lozano. Ya desde muy pronto, el joven valverdeño se interesó por la carrera militar, quizás influenciado por el hecho de que su padre ostentara el rango de coronel de Infantería.

Así, Fernández decidió ingresar también como cadete en la Academia de Infantería de Toledo, finalizando allí sus estudios en el año 1865 con el empleo de alférez. Sin embargo, y antes de concluir su instrucción, fue destinado a Ceuta y Melilla y, en el 1868, ya consta su participación en el combate de Alcolea. Alcanzado su objetivo de ser militar profesional, fue destinado a combatir a los carlistas en los diversos frentes del norte de España, distinguiéndose asimismo su valor en los combates llevadas a cabo por su batallón en Cataluña, donde destacaron sus acciones en Esparraguera y Martorell.

De Cataluña pasaría a la ciudad de Valencia, donde atacó y ayudó a rendir la ciudad, que estaba subvertida por los revolucionarios cantonales. Tras ser requerido nuevamente en el norte, se puso a las órdenes del general Serrano, quien dirigía las operaciones contra los carlistas de Álava y sus esfuerzos se vieron recompensados tras el exitoso ataque de Berrozi, que supuso su ascenso al grado de capitán.


Figura 1. Francisco Fernández Bernal. Fuente: www.rah.es

Igualmente, en los años posteriores y durante la III Guerra Carlista (1872-1876), seguiría curtiéndose en las regiones del País Vasco, Cataluña y Asturias; luchando en diversas batallas donde se enfrentaría a las facciones de los líderes guerrilleros carlistas Fulgencio de Carasa y Naveda y de Antonio Lizárraga y Esquiroz. Aunque, en 1873, y a pesar de lo convulso de estos momentos, tuvo tiempo para contraer matrimonio con Dª María Antonia Uriszar de Aldaca y González.

En el año de 1875 consta como retirado del servicio activo del Ejército, aunque al poco tiempo, solicitó regresar al mismo una vez que prestó juramento y fidelidad al monarca Alfonso XII, pese a tener fuertes convicciones republicanas. Años más tarde, en el 1886, es embarcado con rumbo a Filipinas y ya con el rango de teniente coronel.

En el archipiélago asiático español ejerció mandos políticos y militares, tanto en Leyte como en Cotta-Bato y Mindanao, con el grado de comandante; y teniendo allí que sofocar diversas revueltas y ataques guerrilleros por parte de los insurrectos filipinos. Pero su acción más destacada fue en Marahuit en 1895, que le valió el ascenso a general de brigada. Tras una breve vuelta a la Península, sería destinado un año más tarde, en 1896, a Cuba, tras haberse iniciado en la provincia caribeña española un gran levantamiento generalizado contra la soberanía de la nación.

Allí, destacaron sus triunfos en las batallas de las Lomas de Mamey y Ceja del Negro contra los insurrectos en 1896 y que, asimismo, le valieron para la concesión de la gran cruz de Mérito Militar ese mismo año por el primer combate referido, mientras que se le otorgó la cruz de San Fernando por el segundo. Debido a todos estos méritos en la batalla fue ascendido a general de división en el año 1897.


Figura 2. Soldados españoles en Cuba. Fuente: www.abc.es

Al general valverdeño se le otorgó la citada gran cruz del Mérito Militar conforme se recogió en el número 270 del DIARIO OFICIAL DEL MINISTERIO DE LA GUERRA, de 29 de noviembre de 1896, de tal modo:

«En atención a las circunstancias que concurren en el general de brigada Don Francisco Fernández Bernal, a los servicios que lleva prestados como jefe de una columna de operaciones del ejército de Cuba, y muy especialmente en consideración al mérito que ha contraído tomando parte en diferentes hechos de armas habidos desde febrero último hasta el nueve de agosto próximo pasado; en nombre de Mi Augusto Hijo El Rey Don Alfonso XIII, y como Reina Regente del Reino, vengo en concederle, a propuesta del General en Jefe de dicho ejército, y de acuerdo con el Consejo de Ministros , la Gran Cruz de la Orden del Mérito Militar, designada para premiar servicios de guerra, con la pensión que determina el último párrafo del artículo segundo del reglamento de treinta de diciembre de mil ochocientos ochenta y nueve. Dado en Palacio a veintisiete de noviembre de mil ochocientos noventa y seis. María Cristina. El Ministro de la Guerra, Marcelo de Azcárra».

En Cuba prosiguió con una intachable hoja de servicios gracias a sus acciones en el área de Pinar del Río contra los insurrectos y, posteriormente, continuaría luchando contra las tropas estadounidenses hasta que concluyó la Guerra Hispano-Cubano-Americana.

Una vez regresó a España en 1898, se le nombró comandante general de la 2.ª División y, pasado el tiempo, comandante general de Ceuta (desde 1902 hasta 1906), ascendiendo finalmente a teniente general ese último año.

Finalmente, el militar valverdeño falleció el día 5 de septiembre del 1907 en su casa de Getafe como consecuencia de un cólico exantemático y, en el momento de su muerte, ostentaba las destacadas condecoraciones de la cruz de San Hermenegildo (1906) y la de la Orden Militar de María Cristina.



BIBLIOGRAFÍA:


-Diario ABC, 6/09/1907.

-Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano de Literatura, Ciencias y Artes, Tomo 1. Ed. Montaner y Simón, Barcelona, 1897.

-www.rah.es

jueves, 2 de septiembre de 2021

El asalto a la diligencia de la Rio Tinto Company Ltd. en 1876

El día 3 de julio de 1876, entre las 21:00 y las 22:00 horas, fue asaltada la diligencia de la Rio Tinto Company Limited, que cubría el trayecto Sevilla-Huelva, a la altura de Sanlúcar la Mayor (Sevilla). En dicho carruaje iba Antonio Sundheim-Giese, hermano de Wilhelm, quien fuera el promotor junto con su socio Doetsch de la compra de las minas de Riotinto por parte del consorcio internacional liderado por el escocés Hugh Matheson solo tres años antes. Precisamente, la principal motivación de este robo por parte de los asaltantes fue el claro deseo de apropiarse de una gran cantidad de dinero que el mismo Sundheim en persona custodiaba para que fuera depositada en la caja de la compañía minera en Riotinto.

Al poco de conocerse este hecho, la prensa del momento se hizo eco de la relevante noticia y fue publicada en diversos periódicos, tanto españoles como británicos. Pese a la dificultad de conocerse todos los detalles de primera mano que rodearon el robo, los cronistas trasladaron tal cual a sus anotaciones lo que habían narrado los testigos que sufrieron el asalto, una vez superaron su estado de gran nerviosismo, y coincidiendo así la mayoría de las versiones publicadas sobre los hechos acontecidos. De tal modo, diversos corresponsales de diferentes medios dieron la siguiente información del robo de la diligencia:

Las crónicas comienzan diciendo que el lunes 3 de julio la diligencia de Sevilla a Huelva fue robada en torno a las 10 de la noche, a apenas unas tres millas del pueblo sevillano de Sanlúcar la Mayor. Al pasar las horas, los rumores y la preocupación crecían especialmente en Huelva y Riotinto, donde comenzaban a llegar las más contradictorias versiones sobre este asunto.

La prensa afirmaba que los ladrones se encontraban en algunas trincheras muy cerca de la carretera y, algunos de ellos, ocultos entre los cultivos que crecían cerca del Arroyo del Molinillo. Cuando un pasajero del carruaje vio una silueta oculta en la maleza por estar clara la noche, y dio la voz de alarma, en un instante saltaron a la vía entre veinte y veinticinco hombres bien armados, cinco de los cuales iban montados a caballo, y gritaron «Alto!» al cochero.

Los caballos se pararon y los ladrones pidieron a los viajeros que bajasen y se tiraran al suelo, siendo uno herido al caer. Luego, los asaltantes condujeron la diligencia lejos de la carretera principal e hicieron que los pasajeros se tumbaran boca abajo; allí los ataron con cuerdas y luego los calmaron de su terror diciendo: «No se lastimará a nadie aquí, no es nuestro propósito herir a nadie». Incluso a un caballero que viajaba con su mujer le dijeron: «Su esposa está tan segura aquí como en su propia casa», comportándose pues los ladrones, en los primeros momentos, con amabilidad con todos los rehenes.


Figura 1. Diligencia estadounidense del último tercio del siglo XIX. Fuente: www.wikimedia.org


Esta situación se mantuvo hasta que preguntaron a Antonio Sundheim por las llaves de las cajas fuertes, hechas en madera y reforzadas con hierro, que contenían 43.000 duros para los salarios de los mineros de Riotinto. En su negativa y demora en entregar las llaves, algunos bandidos le zarandearon y le abofetearon dos veces, rompiéndole las gafas; pero uno de los líderes de la banda los paró interponiéndose, y les dijo: «Nunca más maltratéis a Don Antonio». Sin embargo, todos los testigos afirmaron que sí resultaron heridos por los asaltantes otros dos viajeros: el mayoral, quien tenía una herida en la cabeza tras recibir un culatazo de carabina, y el delantero, que sufrió una herida en la pierna. Los asaltantes, entonces, preguntaron directamente al conductor: «¿Cuántas cajas de efectivo hay?» Y él respondió: «nueve». Acto seguido, le ordenaron: «¡Baja!».

Por su parte, en este coche venía también Nicolás Gabriel de la Herranz, diputado provincial por Sevilla, quien «debió a su serenidad el que, trayendo rodeado al cuerpo un cinto con cien mil reales, pudiese salvarlos, pues al estar echado en el suelo, uno de los forajidos fue a registrarlo y al tocarle la cintura le dijo: “¿Qué bulto es este?”, contestando aquél: “el revólver”. – “Pues quíteselo”. Se lo quitó y le dejaron en paz».

Parece claro que el robo fue cometido por hombres que sabían la hora y forma de enviar los pagos mensuales para la plantilla de la Rio Tinto Company. Además, según narraron los testigos, algunos de los ladrones tenían la cara ennegrecida, pero otros «parecían caballeros» y no llevaban ropas habituales de trabajo diario. Y también, se dudaba de la profesionalidad de los mismos, porque con su ansiedad en acabar con el acto delictivo, llegaron a dejar atrás una de las cajas de efectivo.

A ello contribuyó, según los periódicos, que «otro joven de esta provincia, al cual obligaron los ladrones a que ayudase a descargar la baca de la diligencia y que traía una maleta con diez mil duros, tuvo la suerte de que dejó en un rincón de la baca la susodicha maleta y nadie reparó en ella, salvando esta suma».

Los desconocidos también saquearon a los pasajeros particulares del coche que nada tenían que ver con la compañía minera, pues casi todos ellos llevaban dinero y objetos de valor. En este mismo sentido, también viajaba en la diligencia un conocido propietario que portaba 15.000 duros destinados al pago de una hacienda, un comerciante que llevaba 3.000 reales para Huelva y el citado mayoral del coche que cargaba con unos 13.000 reales por encargo.


Figura 2. Paraje del Arroyo del Molinillo, donde tuvo lugar el asalto a la diligencia. Fuente: www.es.wikiloc.com

Tras consumar este acto, los bandidos «montaron en sus caballos y en los que habían robado del coche, dejando maniatados a los infelices viajeros, los cuales a los pocos momentos pudieron desligarse y llegaron al inmediato pueblo de Manzanilla, dando cuenta del hecho al puesto de la Guardia Civil, que se puso al momento en movimiento. Los señores gobernador civil y juez de primera instancia no han descansado tomando medidas que se creen puedan producir el descubrimiento de alguno de los autores del robo».

Como resultado de todas estas investigaciones policiales posteriores (uno de los ladrones dejó su pañuelo al mayoral para cubrirse la herida y la tela tenía escrita las iniciales J.P.L) se logró la captura de dos autores del atraco, a quienes la prensa omitió sus nombres, y que ingresaron de forma inmediata en prisión. Gracias a ello, las autoridades de Huelva dijeron que tenían una pista sobre el lugar donde se ocultaba la banda y, si era cierta, podrían descubrir finalmente el escondite de los ladrones. Por su parte, los asustados pasajeros de la diligencia llegaron a Huelva en torno a las 7:00 de la mañana y fueron conducidos al juzgado, donde les fueron tomadas declaraciones y se comenzó a instruir la correspondiente sumaria.

Según narró la prensa, y en relación a la cantidad de dinero que transportaba la diligencia, se trataba de una suma «que procedía de unas letras que se habían hecho efectivas en Sevilla; mas las primeras que se enviaron en carta certificada, no se han recibido en esta ciudad, viéndose obligada la casa que giraba para hacer la operación a enviarlas segundas que son las que se han pagado». Esta cantidad total robada en la diligencia fue de unos 60.000 duros, de los cuales 40.000 pertenecían a la compañía minera de Riotinto y estaban repartidos en el resto de cajas de dinero que los ladrones se llevaron montadas en cinco caballos del propio coche-diligencia.

Hasta ese momento, la carretera de Sevilla-Huelva siempre había sido segura, y este fue el primer acto delictivo de este tipo en dicha vía. De hecho, tan segura había sido esta ruta que nunca se pidió a los guardias civiles por parte de la Rio Tinto Company Limited que acompañaran con frecuencia a su diligencia.

Finalmente, este lamentable incidente tendría unas graves repercusiones para la firma Sundheim & Doetsch, pues desde entonces se perdería la confianza otorgada por el Board o Consejo de la Rio Tinto Company Ltd. liderado por Matheson hacia estos socios que habían actuado como representantes comerciales de la compañía minera asentada en Riotinto y que, por ello, ya no disfrutarían en exclusividad de los suculentos contratos de suministro para las explotaciones mineras.



Bibliografía:


-Buckingham Express (22/07/1876).

-La Correspondencia de España (06/07/1876).


lunes, 12 de julio de 2021

El militar galés del Recreativo de Huelva

        Como ya se analizó en un anterior artículo, destaca en un apartado espacio del barrio de Bella Vista de Minas de Riotinto, y próximo a las viviendas de estilo británico que conforman el recinto, un curioso monumento que fue erigido con la intención de honrar la memoria de cinco miembros de la compañía británica The Rio Tinto Company Limited que fueron alistados durante la I Guerra Mundial (1914-1918) y que murieron, cumpliendo con su deber, en diferentes y letales campos de batalla.

La inscripción esculpida en la placa de bronce que preside este memorial, diseñado en 1921 por el jefe de los delineantes de la Compañía, John Targett, y ejecutada su obra entre los años 1922 y 1923, comienza con el texto: «IN HONOURED MEMORY OF THE MEMBERS OF THE STAFF AT RIO TINTO MINES WHO FELL IN THE GREAT WAR 1914-1919», y que antecede a la lista de nombres de los militares británicos y, a la vez, empleados de la RTCL que murieron en la contienda mundial, para concluir asimismo con la cita literaria: «THEIR NAME LIVETH FOR EVERMORE».

El primero de esos nombres inscritos en el memorial riotinteño corresponde al del subteniente Wilfred Valentine Gilbert, miembro del batallón “Nelson” y perteneciente a la Royal Naval Division británica. Gilbert nació el 2 de marzo de 1884 en Abergwynant, Dolgelly, localidad del norte de Gales, y era el tercer hijo de John Brettel Gilbert, natural de Dorset.

Fue educado militarmente en la escuela preparatoria Eastman´s Royal Naval Academy y, tras finalizar sus estudios, trabajó para la RTCL en tierras onubenses durante ocho años; siendo dado de alta el día 14 de junio del año 1907, y trabajando en el departamento del Muelle de Embarque de Huelva, con el empleo de Assistant Chef. En los años 1908 y 1909 su salario fue de ciento cincuenta libras y, del año 1910 al 1911, fue aumentado a ciento noventa libras.

Una vez fue iniciada la contienda mundial, Gilbert abandonó las explotaciones mineras onubenses y retornó a Inglaterra de forma inmediata en el buque Don Hugo, solicitando ser comisionado en la Royal Naval Volunteer Reserve, donde ingresó con el grado de subteniente. Así lo recogió el diario La Provincia del 12 de septiembre de 1914: «Además van en el Don Hugo, para ingresar como voluntarios en el ejército inglés, los señores Gilbert, Warburton, Glen, Davies, Abbey, Calder, Gough, Seelye, Newitt, Hirons y Poulden. Para despedirlos acudieron al buque casi la totalidad de la colonia británica y gran parte de la de Rio Tinto y Tharsis...»

 

Figura 1. Wilfred V. Gilbert durante la IGM. Fuente: https://www.iwm.org.uk


En los primeros meses del año 1915 llegó como miembro del Nelson al estrecho de los Dardanelos, formando parte de uno de los primeros contingentes de tropas expedicionarias en desembarcar en la península turca de Galípoli, y donde llegó a ser herido unas cuatro veces mientras transportaba municiones a las primeras líneas del combate.

Debe aclararse que la Royal Naval Division a la que pertenecía Gilbert fue una división de infantería del Reino Unido creada al poco de estallar la Primera Guerra Mundial, y estuvo compuesta originalmente por reservistas y voluntarios de la Royal Navy y la Royal Marine que no eran necesarios, en principio, para el servicio armado en el mar. La división luchó en primer lugar en Amberes en 1914 y posteriormente, como se ha visto, en Galípoli en 1915. En el año 1916, tras sufrir muchas pérdidas entre los soldados voluntarios navales primigenios, la división fue transferida al Ejército británico, recibiendo el nombre de 63ª División (Royal Naval), reutilizando el número de la disuelta Fuerza Territorial de la División de Segunda Línea 63ª (2ª de Northumbria). Finalmente, y ya como parte del Ejército, esta unidad luchó en el frente occidental europeo durante el resto de la guerra.

Durante la batalla de Galípoli, en el día 4 de junio del año 1915, se ordenó al batallón Nelson apoyar a las fuerzas de la división Lancashire y, en dicha acción, el contingente fue sometido a un fuerte e incesante fuego enemigo por encontrarse entre los turcos y el flanco derecho de dicha división. Los soldados británicos estuvieron en esta complicada situación de fuego intenso a lo largo de unas quinientas yardas y, estando Gilbert supervisando a sus hombres a lo largo del frente, recibió un disparo en la cabeza que le causó la muerte de forma instantánea.

Sus restos fueron enterrado en el cementerio militar de Skew Bridge, Turquía, y su oficial al mando escribió sobre él y su hermano, el teniente R.E. Gilbert, quien también fue herido gravemente con anterioridad: «La pérdida de estos dos buenos oficiales fue un golpe severo para el batallón. Siempre dije que Wilfred Valentine tuvo una vida afortunada. Fue herido en la nariz el 3 de mayo; el 1 de junio pudo escapar por poco de un gran proyectil que estalló a unos pocos metros de él, pero me alegra decir que no resultó herido. En la mañana del 4 de junio fue herido en la cabeza mientras supervisaba algunos trabajos en la línea de fuego. Su muerte fue casi instantánea».

 

Figura 2. Gilbert como jugador del Recreativo de Huelva en 1906. (Agachado, es el segundo por la izquierda). Fuente: www.abc.es

 

El subteniente Wilfred Gilbert, que tan bien conocía la vida onubense pese a sus orígenes galeses, fue un gran jugador entusiasta de todos los deportes, especialmente el lawn-tennis, hockey y foot-ball, y había fundado varios clubs de estos dos últimos en la ciudad de Huelva. También le gustaba mucho la pintura, habiendo expuesto algunas de sus obras durante los años que duró su estancia en la ciudad andaluza.



Bibliografía:

 

-Diario La Provincia (14/09/1914)

-http://recuerdosderiotinto.blogspot.com

-https://www.iwm.org.uk